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Liderazgos tóxicos

A todos nos pasará en la vida: enfrentarnos a líderes que por su ego, arrogancia, baja inteligencia emocional y empatía por los otros dañen tanto la salud física y mental de los colaboradores, así como la eficiencia de la compañía. ¿Cuáles son las consecuencias de este tipo de liderazgo en el ambiente laboral

La idea de ordenar y mandar ha quedado relegada a las estructuras organizacionales del siglo pasado. Para Nuri Lizárraga, directora de Adecco Training & Consulting, “esto se da porque ahora convivimos en un ambiente multigeneracional, donde los hábitos de interacción y comunicación han cambiado, y en el que las múltiples tecnologías de la información y el conocimiento, que antes no existían, son hoy fundamentales para impulsar la productividad de las empresas”.  

Para comprender este escenario es necesario tener en consideración que, anteriormente, era común que un jefe se manifestara con su equipo de trabajo —e incluso con otras personas ajenas al ámbito laboral— por medio de gritos, intimidaciones y muestras de prepotencia, conductas normalizadas para las generaciones babyboomers, y por lo tanto aceptadas como sinónimo del éxito y del trabajo en equipo para quienes también nacieron en las décadas de 1960 y 1970. 

Sin embargo, todo lo anterior se ha convertido en un aprendizaje que ha permeado en la forma de colaboración actual, tiempos en los que el trabajo se ha vuelto un activo de cuidado. “Esto ha dado pie a que los colaboradores, con la finalidad de protegerse, normalicen conductas de agresión, menosprecio o de poca productividad laboral por parte de sus líderes, sólo por el hecho de cuidar un ingreso fijo”, explica la consultora. 

Sin embargo, este tipo de liderazgo autoritario enferma; de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), se ha detectado que un trato descortés genera estrés, depresión —segunda enfermedad de mayor incremento en países desarrollados— y un alza de la tensión sanguínea; todo lo anterior, a su vez, provoca absentismo, mal clima laboral, desmotivación, una baja en la productividad y, finalmente, la “huida” de los trabajadores de sus jefes, antes que de sus trabajos per se.

Pero hoy los tiempos han cambiado y el liderazgo ha comenzado a replantear la gestión empresarial del personal. En palabras de Gerardo Calderón, director de mercadotecnia y relaciones públicas de Adecco, “un líder debe preocuparse en hacer crecer a las personas a partir del desarrollo de sus competencias, guiándolos en el cumplimiento de sus resultados individuales y su desempeño al interior de un equipo de trabajo. Solo así es posible hacerlos evolucionar individualmente y, por ende, mejorar los indicadores de una organización”. 

De hecho, los cambios ya están aconteciendo: es la generación millennial la que encabeza esta evolución. De acuerdo con la reciente encuesta iGeneration: nuevas generaciones en el mundo laboral elaborada por Adecco México, 53% de los jóvenes buscan crecimiento profesional —más allá de un salario— junto con beneficios que les pueda otorgar una compañía centrados en la capacitación (22%), la flexibilidad de horarios (21%) y la rotación de puestos para ganar experiencia (19%); en suma, prestaciones que los motiven a crecer en su carrera de vida, las cuales les sean otorgadas por personas líderes que admiren. 

Pero ¿qué es lo que hace a uno ser un gran líder? Te dejamos este video del consultor británico Simon Sinek en el que descubrirás que el primer paso para lograrlo es comenzar por crear un entorno de seguridad y confianza: